
Esta ilustración pertenece a un libro de finales del siglo VIII d. de C. conocido como "Comentario al Apocalipsis de San Juan", recopilación de textos escritos por padres primitivos de la iglesia cristiana acerca del tema del Apocalipsis, trabajo que llevó a cabo el monje cantábrico Beato de Liébana [Cantabria se encuentra al norte de España]. El objetivo era construir un imaginario y presentar una reinterpretación de lo que se consideraba como el fin de los tiempos.
Estos textos "Beatos", como se les llamó, fueron de los primeros libros ilustrados en occidente y conllevan un mensaje político muy específico: combatir la "herejía" de los cristianos Elipando de Toledo, arzobispo primado, y Felix de Urgel, que para mantener buenas relaciones con la región musulmana del sur de España promovieron la hipótesis de que Cristo no había sido hijo legítimo de Dios sino que únicamente lo había aceptado como su padre adoptivo, esto ya que los musulmanes sólo lo consideran como un profeta.
Es así que Beato de Liébana, apoyado por el Vaticano y el imperio carolingio [de Carlomagno] se entabló en un combate intelectual utilizando los medios que estaban a su alcance, reduciendo la influencia de Toledo y Urgel e impulsando un fenómeno de control de masas a través del impacto de dichas ilustraciones.
La cuestión era que los artistas tenían influencias tanto mozárabes como irlandesas y célticas, por su ascendencia visigoda, y el escrito del "Comentario" provenía de una mente humanista, creando un contraste entre la expresividad pagano-oriental vista en las imágenes y el uso simbólico de los textos cristianos.
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